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Moris. NADIE TE EXTRAÑARÁ EN LA MANADA

23 de febrero / 25 de abril de 2015

Nadie te extrañará en la manada se corresponde con el lugar vacío que alguno deja al morir y que sin ser de nadie no se ocupa, y que sin ser de todos posibilita otra muerte por venir. El desplazamiento de la nada hacia un algo repercute en el conjunto de manera que todos son singulares múltiplos posibles de una catástrofe y a su vez, la pluralidad que pugna desde ese algo hacia los bordes en que nada y todo se tocan.

Esa orilla ‐vez tras vez‐ en tal vaivén, aparece, dirigiendo el flujo de aconteceres de dentro hacia fuera: la manada compacta la muerte mientras dibuja la vida, y el espacio enmarca esa vitalidad y deshilvana en múltiples cordeles la mortandad.

La Ciudad de México, con 22 millones de habitantes, es trazada con nuevas herramientas, lenguajes silentes cuyos signos apuntalan la nueva figura donde tiempo y ciudad se re‐significan en el presente: el gesto, el acto, el saber. Sin embargo, la experiencia no trasciende y cada día altera la recuperación y el dato: la incertidumbre de cada parte desarticula el posible progreso; las veracidades a medias nunca resuelven las necesidades tan complejas como arcaicas; los clanes urbanos ejecutan actividades que van del rito a la supervivencia y cuyos eslabones permean el modelo familiar. Moris va tirando de ello para explicarse la ciudad y sus reglas, y para situarse en ella desde su trabajo que es en sí mismo un ensayo visual. Si bien desde 2004 trasciende en el campo del arte, su contexto personal (habitando en uno de los barrios más bajos en la periferia del Distrito Federal) lo predispone a codificar aquello de lo cual es irremediablemente partícipe y de lo cual hay que obtener rápidamente la evidencia y salir de allí.

Hay una suerte de coleccionismo y taxonomía, pero también de Juego poético que inscribe con los mismos caracteres el Infierno de Dante y los documentales de la fauna salvaje de National Geographic.

Un posible entramado de triadas: Huella/Impresiones/Recuperaciones; Construcciones/Ensamblajes/Destruccio-nes; Armas/Defensa/Ofensa;   Marcas/Lugares/Límites;Movimiento/Suspensión/Equilibrio; estructuran la cartografía sobre la cual no sólo el artista sino el Arte se libera, paradójicamente, dentro de este claustrofóbica batalla sin bandos.

El sistema al que perteneces y aquel en el cual eres anómalo es uno solo, hay que personificarse velozmente de acuerdo a  la demanda para recaudar la materia prima en los mercados de objetos robados hay que actuar y vestir de cierto modo; para conseguir el paño sobre del cual Una pelea de perros deja su marca hay que dirigirse a quien sepa dónde y cuándo se llevará el combate; para obtener la huella de una habitación donde se consumen drogas y se venden se requieren años de familiaridad. Ser camada, ser bestia, ser.

Fernando Carabajal

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