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ALBERTO DATAS. SOLO
10.09.2026 - 07.11.2026A un año de cumplirse veinte de la muerte de Albert Datas (A Coruña, 1935 — Madrid, 2007), la feliz noticia de una posible vuelta a escena se convierte en un acto de justicia y en una oportunidad para que, tanto quienes lo hayan conocido en profundidad, como quienes -al igual que quien redacta estas líneas- por aquel entonces todavía paseaban las muchas ganas y el poco conocimiento por los pasillos de alguna facultad, podamos contemplar hoy las conclusiones a una obra que abarcó cinco décadas y que destaca por su coherencia, por la calidad de su factura y por un frescor que, como ha ocurrido con tan pocos, ha resistido el paso del tiempo.
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El hacer de Datas parecerá siempre el de un pintor en constante formación —aventajado, eso sí—, ávido por descubrir, por ir más allá y por matar continuamente al padre. Simón Marchán escribe que detecta cierta tendencia a transitar en direcciones opuestas a partir de dos exposiciones celebradas tras su paso por la Real Academia de España en Roma, entre 1965 y 1968. Ambas tendrán lugar en 1969, una en la Sala Edaf de Madrid y la otra en la Caja de Ahorros de Vigo, y “en las pinturas mostradas en ambas se perfilaban dos series con unos objetivos pictóricos tan distintos, que indicaban direcciones contrapuestas”.
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Porque, cuando pinta camisas o representa sobre periódicos los paños de su estudio en los que limpia los pinceles, lo que aflora no es lo representado ni la destreza del pintor, sino el calor que todavía desprenden esos objetos. Por eso, en lugar de convertir el hallazgo en recurso pictórico, a Datas le falta tiempo para adentrarse en otras luchas en cuanto detecta que ese modo de hacer podría asomarlo a una pintura relamida y decorativa.
Esta exposición podría ser varias docenas de exposiciones, todas distintas y todas repletas de buena pintura. Para él, que pintó hasta el final, mostrarse como un pintor muerto posiblemente no habría sido una buena manera de volver a la vida. Su pintura, tan vital como difícil de encajar en una historiografía como la nuestra, es, pese a todo, un soplo de aire fresco. Custodiada un ático durante veinte años de silencio, conserva también ese calor del proceso, los interrogantes resueltos paso a paso y la extraña sensación de estar ante un pintor con mayúsculas que, sin embargo, duda hasta límites insospechados.
– Ángel Calvo Ulloa
*Fragmentos del ensayo que acompaña la exposición de Alberto Datas en NF/NIEVES FERNÁNDEZ