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ARCOlisboa 2019

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PUÑETAZO AL ESTÓMAGO

Esta muestra reúne, en tres capítulos, un ensayo visual de la que se ha convertido desde 2018 en la causa de muerte de los jóvenes mexicanos de entre 15 y 29 años: el suicidio. Precisa, en una narrativa articulada sobre el muro, tres momentos no del acto de quitarse la vida, sino de aquello que circunda y da cabida a esas figuras que, paradójicamente, mientras sobreviven, están encaminándose a la muerte. Los esquemas de mapas son tomados del contexto inmediato de Moris, recortes del paisaje que se transita a diario y que puede subdividirse y reconocerse por el grado de peligrosidad y por un breviario de nuevos oficios y oficiantes que devienen en nuevos lenguajes e imágenes cambiantes que él recupera. En el recorrido —cuyo título relaciona la sensación en el estómago latente y sin descanso de vivir rodeado de peligro, con ese instante propio del campo del arte en que el observante es confrontado por la obra—, pueden perfilarse tres enunciados que determinan sus márgenes discursivos:

MILAGRO DE VERTICALIDAD

EL DESTINO LE SALVÓ LA VIDA AL RATA Y NO LO SABE

EL COBARDE MUERE MIL VECES

Cada uno ha sido llenado con piezas de distinta era, técnica y referente dentro del cuerpo de obra del artista, y cuyas cualidades gráficas y conceptuales conllevan a dialécticas cada vez más detalladas que se potencian entre sí, hacia objetividades en la escultura, la instalación y la pintura. Vislumbramos transferencias sobre pegamento de contacto, inhalado por la gente de la calle, con escenas del demonio de la Divina Comedia rodeado de prostitutas del sector. Contemplamos un paraje construido de retazos de empaques censurados recogidos de las esquinas donde se comercializan distintos productos de forma ilegal. Observamos páginas de prensa que enfatizan la pobreza y la violencia con toques de humor y doble sentido. Reconocemos una enorme bandera blanca cosida con sacos del Banco Nacional e intervenidos con envolturas que peso a peso proveen la economía que la institución debería multiplicar para la gente. 

Sobre el pedestal podemos hojear una serie de incógnitas formas empalmadas sin principio ni fin, sin pies ni cabeza; sin embargo, de poderlas desplegar y ordenar, estaríamos enfrente de una estampa tomada de la prensa: la imagen de un ahorcado. De lo no visible a la visualidad del impacto es la posible ruta que Moris elige seguir y, sin embargo, también comprueba que hay problemáticas en donde la imagen surge, se origina, se construye y se halla antes que cualquier vocablo, antes que cualquier nombre que las determine como parte de nosotros, los que hablamos de todo lo que no sabemos, los que gritamos todo lo que no nos afecta, los que morimos de todo sin morirnos nunca.

Fernando Carabajal